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  • Foto del escritorJavier Fernández Jiménez

La Cultura tiene que importar, ¡y mucho!


Estamos a punto de ser bombardeados por todo lo que significan varias campañas electorales, en mayor o menor medida llegarán hasta nosotros palabras e ideas de políticos de toda clase y condición, opiniones, dimes y diretes, menosprecios varios, rumores infundados, certezas… y las habituales promesas electorales (que seguirán sin ser síntoma de nada, porque las promesas electorales se pueden romper sin que haya ninguna consecuencia o castigo salvo para el votante que se las ha tomado en serio).


Las promesas estrella suelen estar representadas por aquellas que afectan a la subida o bajada de impuestos, a la construcción o no de la última joya arquitectónica de la localidad, al saneamiento de las cuentas corrientes municipales… seguro que sabéis a qué me refiero, estamos más que acostumbrados a promesas que se llevan realizando elecciones tras elecciones y que no terminan de llegar, aunque nosotros sigamos votando al mismo que nos lo promete una y otra vez, no vaya a ser que esta vez sea por fin la correcta y nos dé lo que nos ha prometido.


En estas promesas y en casi todos los programas electorales que he podido leer a lo largo de mi vida hay algo que se incluye casi por obligación, pero donde no se pone demasiado énfasis casi nunca (a pesar de que debería ser uno de los puntos fuertes de cada apuesta por gobernar un municipio, una comunidad o el país, directamente), la Cultura. Sí, todos los partidos hacen sus guiños al mundo cultural, pero debe ser que los votos obtenidos por este elemento social son menos numerosos o menos importantes que los de otros ámbitos y las promesas son casi siempre vagas o demasiado etéreas como para tomarlas en verdadera consideración.


Por eso este año pido que sea diferente, que la Cultura sea uno de los puntos fuertes en las promesas electorales, que los futuros responsables de esta área de gobierno se tomen muy en serio su cometido, que se lo trabajen con tanto esfuerzo y con tantas ganas como los que están trabajando en urbanismo o en deportes, que se busquen ideas y propuestas de calado, más allá del sustento casi insustancial y peregrino de los eventos que toca realizar en cada fecha señalada. Pido un programa electoral lleno de promesas culturales, de proyectos a largo plazo, de elementos atractivos y capaces de atraer un voto por sí mismos.


Ojalá en estas elecciones “acertemos” con nuestro voto, que nadie nos regañe por votar lo que hayamos querido cada uno de nosotros. Eso sí, ojalá el apartado de Cultura de cada programa electoral no se base en la repetición de lo mismo o en pequeñas ideas soltadas a vuelapluma, sino que lo prometido tenga la fuerza suficiente como para arrastrarme a votar por su atractivo y por su fuerza.


Ojalá, por fin, se tome en serio a la Cultura.

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