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  • Foto del escritorJavier Fernández Jiménez

Un peligro inaudito

Una sombra sumió el valle en la oscuridad, aunque fue el trueno lo que puso a todos en alerta. Decenas de miradas aterradas y bocas abiertas se dirigieron al monstruo que se cernía sobre aquel rincón del mundo acostumbrado a la paz, muy lejos de la agitación de otras tierras. Algunos corrieron a refugiarse en sus casas, otros perdieron el equilibrio y cayeron al suelo de puro terror, la mayoría permaneció inmóvil, abrumados y sorprendidos por la repentina aparición.


Los pocos juglares y viajeros que se habían aventurado hasta allí contaban historias terribles sobre los dragones y alguna canción popular, cantada al compás de las azadas o de los paseos pastorales, advertían de su inaudito peligro. Aquellos cuentos eran advertencias, ahora lo sabían. Hubo gritos cuando el leviatán blanco descendió en círculos. Sus escamas relucían con el sol, cegaban. Muy pocos supieron permanecer ya inmóviles.


El aterrizaje fue tan liviano que hubo quien se preguntó si la bestia no sería una alucinación, especialmente cuando de su grupa escamada apareció una muchacha joven y risueña. Tras dedicar unas palabras a su montura y una palmada cariñosa en el lomo, la chica saltó al suelo y caminó hacia al pueblo con una despreocupación que sorprendía y atemorizada casi más que el propio dragón. Lhassa, la curiosa hija del carpintero, fue la primera en acercarse a la joven. "Hola. Soy la Bibliotecaria, ¿qué historia te gustaría vivir?" Aquellas palabras cambiaron para siempre la vida del valle.


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