Un abrazo en mitad del odio
- Javier Fernández Jiménez
- 1 feb
- 1 Min. de lectura

Cuando vio al niño rodeado por aquellos tipos armados no se lo pensó dos veces, Andy forcejeó todo lo que pudo hasta atravesar aquel lazo policial y abrazar al pequeño. No fue hasta estar él mismo atenazado por las gorras oscuras, los gritos y las armas que pensó en sí mismo y en su propia seguridad.
Un empellón le lanzó al suelo. Notó el frío de la nieve y un dolor incipiente en las rodillas. El niño lloraba, pero le ayudó a no tambalear. A su alrededor se desató una tormenta de silbidos y abucheos. La presa aflojó. Miró a su alrededor, el círculo se hacía más pequeño, todos aquellos matones le daban la espalda. Uno incluso se echó a llorar, ¿qué estaba pasando?
Abrazó al niño con más fuerza. Nunca supo cuál de los dos había sostenido el valor del otro en aquel momento. De repente se abrió aquella jaula de odio. Andy se vio llevado en volandas fuera de allí. La pesadilla, al menos por ahora, había terminado.








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