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  • Foto del escritorJavier Fernández Jiménez

Patria



Suspiró al llegar a tierra. Tomó aire antes de atravesar la puerta blindada del avión y volver a casa. Después de tantos años estaba de regreso. Era mucho más vieja que cuando se había marchado, tenía el corazón mucho más débil y la memoria más repleta de recuerdos. Su pelo ahora era blanco y sus arrugas innumerables, pero allí estaba, en el país que nunca habría querido abandonar.


Se estremeció al ver la bandera, al escuchar las voces de la gente que la rodeaba, al sentir ese cielo tan azul que no había podido encontrar en ningún otro país del mundo. Estaba en España, por fin. Sus sentimientos iban de la nostalgia a la alegría. Estaba aterrada, porque no sabía qué España iba a encontrarse después de tanto tiempo y por otro lado se sentía como una niña pequeña en el día de su cumpleaños. A lo lejos vio, su vista era de las pocas cosas que conservaba decentemente, un pequeño cartel con su nombre. Alguien había venido a buscarla. Se encogió de miedo al ver a los policías que inundaban el aeropuerto, pero se tranquilizó al notar que no habían acudido allí por ella, ¿Quién lo haría? ¿Quién recordaría sus presuntas ofensas al estado, ocurridas hacía tanto tiempo que hasta era difícil añorarlas?


Dos chicas muy jóvenes la esperaban. La saludaron con una sonrisa y la abrazaron. Se sorprendió al saberse reconocida, ella, que no era nadie ya en su propio país. La condujeron con paciencia hasta la salida y la llevaron a su casa. Su casa, era sorprendente que se mantuviera en pie, que aún fuera suya. Al entrar, sobre la mesita de noche, descansaba un libro recién impreso. Leyó el título y miró a las chiquillas, que sonrieron divertidas. Era su libro, el que había intentado publicar tantas veces. Probablemente, el que había conseguido que tuviese que salir corriendo de su hogar. Allí estaba, publicado por fin. Cuando las chicas se fueron se asomó a la ventana. Estaba en casa, en su país amado. Había cosas que habían cambiado mucho, otras no lo habrían hecho, estaba segura. Haría todo lo posible por cambiarlas por fin y que su patria fuese un hogar en el que nadie tuviese que huir por sus ideas, en el que la bandera recogiese a todos por igual, sin distinciones.

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