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  • Foto del escritorJavier Fernández Jiménez

Explosión


Foto de Carlos

Cuando la tierra tembló todos supieron que sus vidas corrían peligro. Era mediodía. El cielo se tornó oscuro y ceniciento. El olor a azufre era tan espeso que tuvieron que taparse la boca y alejarse lo más rápido posible. El veneno invisible de un volcán es el mayor de sus peligros. Lo abandonaron todo. Solo salvaron lo más importante que tenían: la propia vida y la de sus seres queridos.


La tarde les sorprendió huyendo. Ya en la playa, a varios kilómetros de su hogar, pudieron ver la erupción del volcán en toda su extensión. El gigante había despertado. Parecía furioso. Lanzaba oleadas de fuego que caían lentamente por la roca en ríos incandescentes. Escupía piedras, llamas y humo. El calor era insoportable incluso desde allí.


Fue Xiu quien levantó la mano temblorosa hacia la cortina anaranjada que rodeaba el cono volcánico. La luna rielaba ya en las olas tranquilas del océano. La niña gritó con un gesto de sorpresa y de miedo, sin dejar de señalar a un punto en concreto de la gran montaña que durante tanto tiempo los había protegido y cobijado. Lo vieron por fin. El dragón, rojo como la sangre, relucía en la noche. Acababa de abandonar su nido. Su poder y su fuerza habían desatado el miedo y el fuego del volcán.

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