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  • Foto del escritorJavier Fernández Jiménez

Debemos potenciar la divulgación de la Literatura Infantil y Juvenil


José Manuel del Amo en un momento de su conferencia sobre "la lectura que no se ve"
José Manuel del Amo en un momento de su conferencia sobre "la lectura que no se ve"

He tenido la suerte de participar en las VII Jornadas de Animación a la Lectura propuestas por la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil. Fueron en Albacete, en la delegación provincial de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes y contaron con la colaboración del Ministerio de Cultura, la Diputación de Albacete, el Ayuntamiento albaceteño, Castilla la Mancha, las Bibliotecas Públicas… en fin, muchas personas e instituciones interesadas en el ámbito de la lectura y de la animación lectora.


Fueron unas jornadas muy interesantes, mucho. Todos los presentes aprendimos sobre aspectos de la lectura y la divulgación que desconocíamos o que apenas habíamos vislumbrado. Comprendimos que hay mucho más a nuestro alrededor de lo que creemos conocer. Pero también fueron unas jornadas que sirven como ejemplo perfecto de lo que ocurre en el ámbito de la divulgación literaria, especialmente en el ámbito infantil y juvenil: no se cuenta lo que ha pasado en ellas. Al menos no se hace en la prensa generalista y, por tanto, en la que llega a la mayoría. Y si algo he aprendido en estos años en el mundo de la prensa escrita y radiofónica es que lo que no se cuenta es como si nunca hubiese existido.


Estoy convencido de que todos los que estuvimos allí contaremos lo que ocurrió de la mejor manera posible. Habrá medios especializados que lo hagan, de eso no me cabe duda. Incluso habrá quien haya tomado algunas notas de cara a contarlo bien. Repito: habrá medios especializados que lo hagan muy bien. Y que, como siempre, solo llegarán a un público muy específico y directo. Y, que nadie interprete mal estas palabras, que son los que menos nos interesa que se enteren porque, o bien conocen ya lo contado o están tan atentos al mundo literario que se enterarán más tarde o más temprano. Se han enterado y se enterarán los que ya están convencidos, los que ya aman la LIJ y su difusión.


Seguramente la mayor parte de las personas que estuvieron en las jornadas leerán y disfrutarán estas crónicas, apuntes o reportajes. ¿Y eso de qué sirve para la divulgación? Para poco en realidad. O eso pienso yo (que soy bastante particular, por cierto).


A ver, no es que sirva para poco. Que haya personas interesadas en la LIJ y estas se formen e informen todo lo posible es fantástico. Tener la suerte de contar con tantísimas bibliotecarias y bibliotecarios, con profesorado de todos los ámbitos y con personas interesadas en hablar de literatura infantil y juvenil es increíble y maravilloso, pero… si algo nos ha enseñado el mundo de la comunicación es que para que algo interese a nivel global en la sociedad no nos basta con que existan pequeños nichos sino que hay que llegar al gran público, incluso a esas personas que, en principio, piensan que este asunto no les puede interesar en absoluto. Es el público no convencido de antemano el que nos interesa.


Ahí es donde creo que está el truco, en llegar a todo el mundo, en estar en todas partes, en poder aparecer a cualquier hora, en cualquier momento. Llevo tiempo reflexionando sobre este asunto. Tendía a pensar que lo ideal era disponer en medios de comunicación generalistas de rincones específicos para hablar de LIJ, para divulgar los mejores libros y, por supuesto, a los mejores creadores. Y lo sigo pensando, creo que es indispensable que existan estos rincones repletos de literatura, con buenos comunicadores y con críticas trabajadas con cariño, profesionalidad y seriedad. Pero…


Si queremos divulgar de verdad, si queremos que la LIJ esté en nuestra vida cotidiana no valdría con eso. Por cierto, ahora mismo carecemos de un número aceptable de espacios en medios dirigidos a divulgar literatura infantil y juvenil. Podríamos mencionar todos los que hay sin levantar los cinco dedos de una mano. De hecho, creo que, si hablamos de medios tradicionales, solo podríamos mencionar La Estación Azul de los Niños, La Pequeteca y Menudo Castillo como esos rincones específicos y continuados en el tiempo. Seguro que hay alguno más en nuestro país que se me escape y, además, es creciente el número de medios menos tradicionales que lo hacen, pero no serían muchos más (lamentablemente).


Sí, por supuesto, necesitamos más medios como estos (y mejores). Rincones refugio para nuestra querida literatura infantil y juvenil. Lugares en los que sea protagonista absoluta, la propia LIJ y aquellos a quienes está destinada en un principio (aunque aprovecho para recordar que la buena literatura infantil y juvenil es para cualquier público, con una pequeña condición, se puede leer a partir de una edad determinada por nuestra capacidad lectora, nada más. A partir… nunca hasta).


Pero más allá de esos rincones específicos, si queremos que la LIJ disponga de una aceptación creciente, de una presencia continuada y de una popularidad como la que se merece necesitamos que esté en los grandes medios de comunicación, si no a diario (que sería lo justo) sí como un elemento habitual. No podemos dejar que siga relegada a días específicos o fechas señaladas, que aparezca por una curiosidad o porque se haya convertido en un elemento poseedor de una característica extraña o extravagante. No, necesitamos que la LIJ aparezca en los medios porque sí, porque se haya convertido en una pieza fundamental de nuestros medios de comunicación y, por ende, de nuestra sociedad. La LIJ es extraordinaria, pero tenemos que lograr que llegue a todo el mundo de manera cotidiana.


Igual que hay otros asuntos que salen a diario en los telediarios, en las tertulias, en los programas más peregrinos que podamos imaginar ¿por qué no puede aparecer casi a diario una noticia sobre una nueva publicación?, ¿por qué no se entrevista en algunos medios populares a nuestros creadores de LIJ?, ¿por qué no aparecen como elementos a comentar en tertulias o foros de debate? Hay quien afirma que es porque no interesa… ¿es más interesante la declaración ofrecida por un entrenador de fútbol sobre el enésimo empate de su equipo que la que deja un autor sobre su última novela?, ¿llama más la atención o es más atrayente la opinión de un político sobre cualquier elemento de nuestra vida diaria que cómo miran los autores nuestro presente o nuestro futuro? Es más, ¿los medios recogen solo asuntos que les parecen interesantes o pueden reconstruir nuestras ideas para que haya asuntos intrascendentes que creemos, de repente, que son trascendentales? ¿No es posible convertir en apetecible una publicación literaria?, ¿no podemos popularizar a nuestros creadores? Si hay quien responde que no que piensen en lo que ocurre, por ejemplo, con Roberto Santiago o con Pedro Mañas… por poner solo dos ejemplos muy evidentes.


Pero voy a cerrar con ese ejemplo del que hablaba antes, porque todo esto ha empezado hablando de que las VII Jornadas de Animación a la Lectura propuestas por la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil eran el ejemplo perfecto de la divulgación… a medias


Jaime García Padrino, Paco Abril, Carlota Echevarría, Marta Higueras, Vicente Calvo, Fernando Bonete, José Manuel del Amo, Eloy Cebrián, Román Belmonte, María José Moreno… y, bueno, también estaba yo por allí (la oveja negra). Todas estas personas saben mucho de lo que hablan. Entre ellas hay profesores universitarios, bibliotecarias, editoras, blogueros, divulgadores, escritores y escritoras… auténticos expertos del mundo de la LIJ. Pero, ay, amigos, antes de que ellos participaran estuvieron algunos políticos abriendo el acto y ¿sabéis de quiénes han hablado los medios generalistas que se han hecho eco de la noticia? Seguro que lo acertáis sin pensar demasiado. ¿Creéis que se ha mencionado la intención de llegar más lejos en los medios o que se ha debatido de cómo se podría conseguir en esos medios? ¿Pensáis que se ha escrito de lo que habló alguno de los ponentes? No, por supuesto que no. Los medios han hablado de lo que hacen los políticos, de que ellos abrieron el acto, de que ellos estuvieron allí, de que ellos han permitido que se haga todo esto…


Quizás el gran problema de la divulgación no sea un problema de nuestra LIJ. Puede que tampoco tenga que ver con que no sepamos cómo contar las cosas a los demás. Quizás el gran problema sea cómo nos ve el gran público, bajo qué premisas llegamos. Mientras en una actividad de animación a la lectura sea más destacable lo que hace o no hace un político por encima de lo que hace o no hace el animador en cuestión será imposible que la literatura infantil y juvenil llegue mucho más lejos de lo que lo hace en la actualidad.


Y sí, puede que en todo este asunto tenga que ver el cómo contamos las cosas los propios medios de comunicación, pero somos nosotros, los animadores y los amantes de la LIJ los que necesitamos que esta se divulgue lo más lejos posible, quienes tenemos la mayor responsabilidad a la hora de contar todo lo que hacemos, cómo lo hacemos y quiénes lo hacemos. Dejemos de pensar que se hacen mal algunas cosas y, directamente, trabajemos para hacerlas aún muchísimo mejor de como ya las estamos haciendo.

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